Wednesday, April 05, 2006

Nocturno de tangos y tangas

Ernesto volvió su celeste mirada hacia la radiola y, frente a ella, divisó como a través de un espejo empañado por el hálito del tiempo, a la mujer de la barra, de flamígera cabellera y ojos zarcos que, imprevisiblemente, empezaba a delinear una sonrisa en sus labios inmarcesibles. Ernesto permaneció un instante fluctuando sobre las aguas de la incertidumbre; sin embargo, reconoció la inequívoca sonrisa. Aquella sonrisa tímida y melodiosa que muchas veces en su recuerdo, él había vinculado, misteriosamente, con esa sonrisa con que las niñas suelen esconder una dolorosa equivocación.

De Cantar de Helena y otras muertes

0 Comments:

Post a Comment

<< Home